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4 meses agoon
Por Gerardo Rico Periodista e Investigador
Hace unos días ví por casualidad un video en redes sociales de la Presidente de México, Claudia Sheinbaum, saliendo de Palacio Nacional caminando para recorrer algunas calles del centro de la Ciudad de México y dirigirse al edificio de la Secretaría de Educación, a unas cuadras de distancia. Ahí destacaban el acercamiento con un grupo de estudiantes que le solicitaron una foto y hasta porras le echaron con la característica algarabía juvenil, también se retrató con algunos transeúntes que coincidieron con ella en su caminata. Hasta ahí me quedé y no tomé más en cuenta el video de la Presidencia de la República.
Horas más tarde ví con sorpresa que se hizo viral el momento en el que un sujeto se le acerca a la mandataria mexicana, cuando ella saludaba a varias personas en ese mismo recorrido. Se coloca a espaldas de ella, la toma por la cintura y desliza la mano para tocarle varias partes de su cuerpo. Ella voltea sorprendida y segundos después llega un miembro de su seguridad personas o Ayudantía, cómo le llaman ahora, para retirar al sujeto y hacerlo a un lado.
Más allá de los memes que circulan en redes sociales y de las manifestaciones de apoyo a la Presidente por ser mujer y de miles de comentarios a favor y en contra de quienes piensan que pudo tratarse de un montaje. El hecho me sobresaltó en verdad por la poca o nula seguridad que tenía la mandataria en esos momentos.
Se trata nada más y nada menos que de la Jefa del Ejecutivo en México, la facilidad con la que el sujeto la tocó pudo significar una verdadera tragedia para nuestro país y sin exagerar cambiar la historia reciente. Un servidor era muy joven cuando se registró el asesinato del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, en marzo de 1994, fue el inicio de una serie de hechos que convulsionaron al país y ese periodo concluyó con la devaluación del peso y una serie de medidas políticas y económicas que perjudicaron a toda una nación.
Creo que este hecho debe ser una llamada de atención para la propia Presidente de México, pues una cosa son los baños de pueblo que suele darse durante sus giras de trabajo por todo el país y otra su seguridad personal. Hay que recordar que su antecesor Andrés Manuel López Obrador hacía lo mismo en los primeros años de su sexenio. Incluidos los viajes en líneas aéreas comerciales y fue quien desintegró el Estado Mayor Presidencial, aparato de seguridad integrado por militares especializados que durante décadas salvaguardaron la seguridad del Presidente en turno.
Al menos en el papel fue extinguido por el Senado de la República en el mes de abril de 2019. En esa ocasión se dio cuenta que el personal que integraba ese cuerpo élite había regresado a sus unidades de origen, conservando su rango, antigüedad y prestaciones Y dieron cifras: dos mil 21 elementos del Ejército y la Marina; donde había 12 Generales y Almirantes, 187 jefes con grado de Capitán, 550 oficiales y 836 soldados y marinos de tropa. Así mismo el Cuerpo de Guardias Presidenciales estaba conformado por 4 mil efectivos, y contaba además con el 24 Batallón de Infantería de Marina de Guardias Presidenciales. A estos se suman 52 policías federales y 382 civiles.
El Estado Mayor Presidencial (EMP)l fue creado por el general Manuel Ávila Camacho, el 12 de enero de 1942 y sustituyó formalmente la Ayundatía de la Presidencia en EMP, con base en una reforma a la Ley Orgánica del Ejército y Armada Nacionales que estuvo vigente de 1926 a 1942.
Pero volviendo al presente, recordamos que de manera repentina el entonces Presidente López Obrador, modificó sus itinerarios de giras y comenzó a viajar en aviones militares. Incluso sus recorridos por el país y actividades en los Estados se realizaban en instalaciones militares y poco a poco tuvo que ceder a su costumbre de acercarse abiertamente con sus simpatizantes. Lo hacía y nunca perdimos esas imágenes en la televisión, pero siempre en lugares cerrados o controlados por su Ayudantía o seguridad personal.
No debemos olvidar que durante el primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum se han asentado importantes golpes a grupos del crimen organizado, principalmente la extradición de 26 narcotraficantes de alto rango y ha detenido a cientos de cabecillas delincuenciales a nivel regional en prácticamente todo el país. En los primeros seis meses de la actual administración federal fueron detenidas 17 mil 258 personas relacionadas con delitos de alto impacto, lo cual permitió desarticular redes criminales.
Hace unos días el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch compareció ante el Senado de la República y resaltó el decomiso de 140 toneladas de droga, además, cerca de una tonelada y media, y más de dos millones de pastillas de fentanilo. Se aseguraron más de nueve mil armas de fuego.
En cuanto al tráfico de drogas a Estados Unidos, la propia Presidente presumió una caída del 50 por ciento en el envío de fentanilo, algo que el propio Donald Trump ha reconocido. También, otras de sus acciones relevantes en materia de seguridad es contra el tráfico de combustible, mejor conocido como huachicol, área que vienen desarticulando, una red supuestamente armada en el sexenio anterior, además de detener a altos mandos de la Marina Armada de México.
Por si esto no fuera poco, el hecho de acoso a la Presidente de México se dio a prácticamente unas horas del asesinato del Alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, con las consecuencias políticas que estamos presenciando en medios de comunicación.
La seguridad presidencial no es un juego, trátese de quién sea y del partido que sea. Creo que la mandataria mexicana y sus colaboradores deben replantearse su seguridad personal. Es un hecho que los miembros de la Ayudantía no tienen la preparación militar y logística adecuada para estas tareas y debe darse prioridad a la gente -mandos militares- para salvaguardar a la Jefa del Ejecutivo Federal.