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¿Y el Mundial 2026 en Jalisco?

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Escrito por Mariano Cariño Méndez. Ingeniero Industrial por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Activista social por más de 10 años. Dirigente estatal del Movimiento Antorchista en Jalisco.

•El Mundial 2026 en Jalisco exhibe la contradicción entre la inversión pública millonaria y un evento inaccesible para la clase trabajadora, mientras la desigualdad social permanece intacta.

No será para la clase trabajadora del estado, y eso es seguro, dado el elevado costo de las entradas en preventa. Por ejemplo, asistir al partido del Grupo A entre Corea del Sur y el clasificado del Play-Off D cuesta entre 34 mil 200 y 89 mil 250 pesos por persona. Los precios para el encuentro del Grupo K entre Colombia y el clasificado del Play-Off 1 oscilan entre 36 mil 770 y 83 mil 480 pesos. Finalmente, ver el esperado duelo del Grupo H entre Uruguay y España es aún más exclusivo, con entradas que van desde los 54 mil 60 hasta los 98 mil 580 pesos.

Desde que pude tener acceso a los datos de la FIFA respecto al precio de los boletos, me pareció algo insólito, tomando en cuenta que hay miles de millones de pesos invertidos de dinero público en el acondicionamiento de toda la infraestructura relacionada con la logística del Mundial 2026. Se utiliza dinero de todos para que unos cuantos puedan gozarlo; vaya, como dicta el refrán popular: “Unos corren tras la liebre, y otros sin correr la alcanzan”.

El salario promedio diario en Jalisco, según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, es de $594.53. Para cubrir la entrada más “accesible” a la justa mundialista, a celebrarse al “Estilo Jalisco”, se necesitarían 58 días de salario, es decir, alrededor de dos meses sin tocar ni un solo peso de lo ganado. Pero la cosa es un poco más dramática si se soñara con tener el mejor lugar del mejor partido a celebrarse en el famoso Estadio Akron, ubicado en Zapopan, pues se necesitarían 166 días —cinco meses y medio— para poder acceder a él. La clase trabajadora tendría que dejar de cubrir sus necesidades básicas para que todo su salario, íntegramente, se destinara a dicho boleto. Y no olvidemos que muchos jaliscienses no alcanzan ni siquiera los promedios diarios de salario que se enumeran más arriba. Volvemos a ver, como lo hemos visto antes, que se privilegia la obtención de la ganancia por sobre la recreación deportiva.

A la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) se le prometen exenciones fiscales, retirar a los ambulantes de las inmediaciones de los Fan Fest y de los estadios, y junto con ello, infraestructura para toda su logística operativa. Los recursos públicos a su merced. Pero no crean que la Copa del Mundo se realiza sin ningún lucro, nada de eso; por el contrario, es una actividad bastante lucrativa para los organizadores. En su hambre voraz de ganancia, se han puesto como meta duplicar los ingresos obtenidos en Qatar 2022. Para el Mundial 2026, que se celebrará en tres países —México, Canadá y Estados Unidos—, la FIFA espera obtener unos 14 mil millones de dólares en ganancias. Monto suficiente para llenar cinco contenedores de los que transportan los tráileres que encontramos en la carretera, ojo, llenos, apilando billete tras billete de cien dólares, uno tras otro, ni más ni menos. Así, el deporte global que nació en los barrios obreros de Inglaterra se aleja cada vez más del disfrute de las mismas clases que le dieron vida.

Vemos a cientos de personas trabajando como hormiguitas en toda la “infraestructura” mundialista, todo aquello que está a la vista de los reflectores nacionales y, en algunos casos, internacionales, como el Centro Histórico de Guadalajara, en donde se invierten más de 400 millones de pesos para “mejorar” su imagen. ¿Y las colonias populares, ahí donde lo necesitan miles de niños admiradores del futbol? Nada para ellos. Lo mismo ocurre con la pavimentación parcial de la carretera a Chapala: solo se cubre desde el Aeropuerto Internacional de Guadalajara hasta Periférico Sur, obra pensada para la movilidad mundialista, no para los visitantes locales que realizan recorridos al lago, un destino modesto para miles de familias del área urbana.

Se promete una derrama económica de 20 mil millones de pesos. ¿Quiénes serán los verdaderos beneficiados? ¿Los tapatíos de a pie? Por supuesto que no. Según algunos analistas financieros, se identifica con precisión a los verdaderos ganadores: corporaciones nacionales y globales, entre las que destacan empresas como GCC (cementos), PINFRA (autopistas) y FEMSA, dueña de OXXO y embotelladora de Coca-Cola, que están en una “posición privilegiada” para capturar el aumento en el consumo de estos productos. Cadenas como Liverpool también esperan un repunte de ventas. Un Mundial para unos cuantos. Vemos, en otra cara y en otra forma, la injusta distribución de la riqueza, esa injusticia social de la cual no se libra ni siquiera el deporte más popular del planeta.

La euforia que despierta, en más de uno, la Copa del Mundo hace que dejemos de ver lo que siempre está a la vista, pero que las autoridades estatales han ignorado por mucho tiempo, sean del color que sean. En el estado, el 60 por ciento de la población tiene dos o más carencias; el 32 por ciento presenta carencia por acceso a servicios de salud y el 40.3 por ciento padece falta de seguridad social. En pobreza extrema —es decir, quienes no cuentan con lo mínimo indispensable para satisfacer sus necesidades más elementales diarias— existen alrededor de 180 mil jaliscienses. Hay un rezago educativo del 19.1 por ciento. Las cosas no terminan ahí: según datos de la Secretaría de Desarrollo Energético y Sustentable (SEDES), en la tierra del tequila hay más de 40 mil viviendas que no tienen acceso completo a los energéticos. Por si fuera poco, la pobreza infantil afecta a 718 mil niñas, niños y adolescentes en la entidad.

El pasado lunes 8 de septiembre de 2025 se publicó en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados la propuesta de declaratoria de áreas prioritarias, donde se ubican municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara, ya que concentran una gran cantidad de colonias con personas que padecen altos grados de pobreza. Guadalajara, Tlajomulco de Zúñiga, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan concentran un número considerable de Áreas Geoestadísticas Básicas (AGEB) urbanas. Por más maquillaje que se pretenda utilizar, seguirá siendo insuficiente para cubrir las heridas de la desigualdad.

La mala calidad de vida que padecen millones de jaliscienses se puede mejorar, siempre y cuando se transformen las condiciones materiales en las que viven, con inversiones públicas bien pensadas, más allá de los reflectores y las redes sociales. El erario puesto en manos y en marcha de quienes lo generamos: la clase trabajadora. La muestra está más que clara con los partidos mundialistas, toda la maquinaria del Estado trabajando a marchas forzadas para ser la “sede más mexicana”. ¿No se podrá trabajar de la misma manera para combatir todas las necesidades de los jaliscienses? ¿No se podrán invertir los recursos públicos con la misma intensidad? Yo creo que sí, pero no debemos dejarlo a la buena voluntad de unos cuantos; la clase trabajadora debe hacer lo propio para tomar su destino en sus manos. No hay más.

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