Querido Fray Antonio, este día te escribo desde el lugar del que partiste hace 234 años.
Hoy, recorro apenas una fracción de tus pasos, a esa mínima parte en la que estuviste acompañando a la gente, siempre en silencio y con cariño, pensando que los días y las horas no son más que el instante en el que se puede hacer un cambio en la vida de quienes tanto quieres, lo que implica aprender de ellos: sus cambios en este nuevo siglo y de su cultura.
Por ti aprendí, que a pesar de trascender, aún con el paso de los siglos, se pueden encontrar formas de seguir manifestando amor por Guadalajara y amor por Jalisco, dicho de otra forma, estimado Alcalde, haz encontrado la forma de seguir latiendo en espíritu, de seguir amándonos.
Deseo que estas palabras, formen parte del legado que dejaste, dandonos consuelo y aliento en los tiempos de gozo, difíciles y solitarios.
Gracias por inspirarnos en vida y después de ella.