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Más allá de la reunión Sheinbaum-Trump

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Una columna del periodista e investigador Gerardo Rico

La participación de México por primera vez en la reunión del G-7 en Canadá, donde se agrupan las principales potencias occidentales del mundo, se vio opacada como noticia internacional por el conflicto armado entre Irán e Israel, signifcó -desde mi punto de vista- una de las mayores y más importantes invitaciones a nuestro país en el plano mundial.

Los principales medios de comunicación nacionales solo atinaron a destacar la cancelación de la reunión binacional entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, quien como lo hizo en su última participación en 2018, se retiró del encuentro sin previo aviso con el argumento, en esta ocasión, de la crisis por el enfrentamiento Irán-Israel

Sin embargo, la presencia de Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G-7, le dio un peso significativo a México en el panorama internacional. La presidenta logró establecer vínculos con mandatarios que resultarán favorables en temas como el comercio y la tecnología.

A invitación del primer ministro de Canadá y anfitrión de la cumbre, Mark Carney, los logros obtenidos para el país, tras la participación de la presidenta de México en la Cumbre de Líderes G-7, representan una nueva oportunidad para el fortalecimiento de las relaciones internacionales con diferentes países y la llegada de inversiones extranjeras.

La mandataria mexicana asistió a la cumbre en la que reúne a los líderes gubernamentales de los siete países considerados los mayores actores globales a nivel económico, político y militar: Italia, Canadá, Francia, Alemania, Japón, Reino Unido y Estados Unidos La Unión Europea también participa en el Grupo y está representada en las cumbres por el presidente del Consejo Europeo y el presidente de la Comisión Europea.

En esta ocasión también fueron invitados países como La India, Brasil y Sudafrica, miembros activos de los llamados  BRICS una alianza económica y política formada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cinco economías emergentes, que buscan fortalecer la cooperación entre sus miembros y aumentar su influencia global. De ahí la importancia de la participación de México.

Hay que recordar que el G-7 se conformó en 1975 como una reunión informal de potencias industriales occidentales. En su apogeo, representó más de dos terceras partes del Producto Interno Bruto global. Aunque hoy su peso económico ha disminuido, sus miembros siguen concentrando buena parte del capital tecnológico, militar y financiero del planeta.

El G-7 encarna el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con Estados Unidos como eje y Europa como ancla diplomática. Japón se integró por su peso económico ascendente en los ochenta, no por una distribución actual del poder.. Además varios de sus integrantes —Estados Unidos, Reino Unido y Francia— forman parte del Consejo de Seguridad de la ONU y poseen armamento nuclear. Lo que refuerza su legitimidad histórica, pero también los vuelve resistentes al cambio.

La agenda del G-7 en esta ocasión: Conflictos armados, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa sin una salida diplomática. Además, la reciente escalada entre Israel e Irán; inteligencia artificial, el desarrollo y la regulación ética de esta tecnología se busca definir estándares comunes frente al avance acelerado de la inteligencia artificial, particularmente ante el liderazgo de China en el sector; seguridad energética.

La transición hacia energías renovables, el impacto de las sanciones impuestas a Rusia y los reacomodos geopolíticos han puesto en el centro la necesidad de una nueva arquitectura energética y política arancelaria: la reactivación de aranceles unilaterales por parte de Estados Unidos ha generado tensiones incluso entre los propios socios. Hay que destacar que resulta paradójico que un foro creado para estabilizar la economía sea hoy sacudido por las decisiones de uno de sus propios miembros”, señalaron especialistas de la UNAM.

A diferencia del ex presidente Andrés Manuel  López Obrador, Claudia Sheinbaum ha entendido la importancia de la diplomacia activa. Este era un foro ideal para hablar de migración y comercio, aunque no estuviera al centro del escenario”.

La coexistencia de distintos bloques revela la transformación del poder mundial apenas en 1999 se creó el G-20 en donde se incorporó a economías emergentes como México, Corea del Sur, India o Turquía. Además en 2001 se originaron los llamados BRICS  y  ampliados a BRICS Plus, representan una alternativa multilateral impulsada desde el sur global e impulsada por la segunda economía mundial: China.

Mientras el G7 ha mantenido una estructura cerrada —solo ha admitido un nuevo miembro en más de cinco décadas (Canadá)—, los BRICS se han expandido con rapidez, integrando naciones como Arabia Saudita, Egipto y Argentina. “No solo crecen en número. También representan una forma distinta de pensar la cooperación, sin hegemonías occidentales”, puntualiza.

El G7 todavía tiene vida para algunos años, quizá décadas. Pero su centralidad está en declive. Hoy el mundo ya no gira solo en torno a siete voces. La cumbre de Canadá podría confirmar si el G7 logra adaptarse a los cambios o si seguirá siendo un club exclusivo que observa el mundo desde la nostalgia de su propia historia. Mientras tanto, nuevos actores, nuevas alianzas y nuevas tecnologías ya están escribiendo las reglas de un orden global que se mueve cada vez más fuera de su órbita.

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