Una columna del periodista e investigador GERARDO RICO
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compara el bombardeo que ordenó a plantas nucleares de Irán con la detonación de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki al término de la segunda guerra mundial en agosto de 1945, afirma que la operación fue todo un éxito y que en los próximos días convocará a una reunión para continuar el diálogo sobre el desarme de la nación persa.
Sin embargo enfurece cuando se filtran documentos en donde se afirma que los bombardeos del sábado 21 de junio no destruyeron el programa nuclear iraní y probablemente solo lo retrasaron algunos meses, de acuerdo a una evaluación preliminar de inteligencia del Pentágono, “las reservas de uranio enriquecido de la República Islámica no fueron eliminados en los bombardeos del sábado” y la casa Blanca responde que se trata de “una evaluación errónea y filtrada por un fracasado de bajo nivel de la comunidad de inteligencia”.
Efectivamente el pasado 21 de junio el mundo estuvo en vilo y vió con asoro y temor la implicaicón de Estados Unidos en el conflicto entre Israel e Irán, las máximas potencias bélicas del medio oriente medían fuerzas desde que el Estado Judio bombardeo instalaciones militares estrategicas iraníes con el argumento que en seis meses podría tener una bomba nuclear.
El primero de estos países liderado por Benjamín Netanyahu, político conocido por su larga trayectoria como primer ministro de Israel. Su carrera política se caracteriza por su postura firme en seguridad, su liderazgo en el partido Likud, y su manejo de las relaciones internacionales, especialmente con Estados Unidos. También ha sido objeto de controversias por acusaciones de corrupción y por sus políticas hacia el conflicto palestino-israelí. Con una orden de arresto por la Corte Penal Internacional (CPI) por las acciones cometidas contra Palestina y los abusos cometidos contra la población civil principalmente en la Franja de Gaza.
Por la parte Iraní el gobierno es una república islámica teocrática. Combina elementos de una república con la supervisión de la jerarquía clerical chiita -una de las ramas del islam, la otra son los sunitas- . La estructura de poder incluye un Líder Supremo, una Asamblea de Expertos, el Consejo de Guardianes y un presidente, con el Líder Supremo teniendo la última palabra en asuntos clave como la seguridad nacional. En resumen: El gobierno iraní se caracteriza por su mezcla de elementos republicanos y religiosos, donde el clero, encabezado por el Ayatola Seyyed Alí Jamenei, ejerce una influencia significativa en todas las ramas del gobierno.
Durante 12 días ambas naciones intercabiaron bombardeos con aviones de última generación y con misiles balísticos por la parte iraní con más de 620 muertos y 4 mil 800 heridos, mientras que en Israel hubo más de 60 muertos y 3 mil heridos. Pero ¿qué pasó con Estados Unidos, porqué el cambio de opinión del presidente Donald Trump entre el bombardeo a instalaciones nucleares de la República Islámica el sábado 21 de junio y su repentino anuncio del término de hostilidades dos días después?.
Donald Trump anunció un alto el fuego “completo y total” en la guerra entre Israel e Irán. “Quiero felicitar a ambos países, Israel e Irán, por tener la resistencia, el coraje y la inteligencia para poner fin a lo que debería llamarse ‘LA GUERRA DE LOS 12 DÍAS’”, escribió en su sitio web Truth Social. Incluso hay quienes buscan nominarlo al Premio Nobel de la Paz.
A una persona que comete una falta grave y luego cambia de opinión se le puede describir de varias maneras, dependiendo del contexto y la gravedad de la falta. Podría llamársele inconsecuente, voluble, cambiante o, si el cambio de opinión es extremo y justificado por una falta de remordimiento, incluso manipuladora. En algunos casos, también podría usarse el término disonancia cognitiva para describir la situación psicológica que lleva a ese cambio de opinión.
Desde septiembre del 2020 se publicó en California un libro: Unfit: The Sychology of Donald Trump (No apto: la sicología de Donald Trump), en donde se explica que el presidente estadounidense es un narcisista maligno, basado en entrevistas con psicólogos, que hablan de la peligrosidad de este tipo de personalidad en un documental. Según uno de ellos, John Gartner, el presidente de Estados Unidos manifiesta claramente cuatro síntomas clave del narcisismo maligno, el tipo de personalidad más destructivo: paranoia, narcisismo, comportamiento antisocial y sadismo.
En otro libro escrito por la propia sobrina del magnate republicano y también psicóloga, Mary Trump, se refiere a su tío como un mentiroso narcisista. Ella escribió en un libro que las patologías del mandatario norteamericano son tan complejas y sus comportamientos a menudo tan inexplicables que establecer un diagnóstico completo requeriría toda una batería de pruebas psicológicas y neurofísicas a las que nunca se someterá. Se trata de Too Much and Never Enough: How My Family Created the World’s Most Dangerous Man (Demasiado y nunca suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo).
En horas posteriores al bombardeo de Estados Unidos a Irán, en la Unión Americana se encendieron los focos rojos en torno a las elecciones intermedias del 3 noviembre del 2026, que tendrán lugar durante el segundo mandato no consecutivo del presidente republicano y se disputarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 33 de los 100 del Senado para determinar el 120.º Congreso de los Estados Unidos . También se disputarán treinta y nueve elecciones a gobernadores estatales y territoriales , así como numerosas elecciones estatales y locales.
Trascendió en agencias internacionales que asesores cercanos a la Casa Blanca hablaron del impacto que ocasionaría en los votantes trumpistas el arribo de cadáveres de soldados americanos si entraban a una guerra, máxime que el movimiento que apoya al actual mandatario conocido como MAGA Make America Great Again (traducido como “Haz a los Estados Unidos grande otra vez” o “Que Estados Unidos vuelva a ser grande”) se mostró contra cualquier participación de su país en alguna guerra.
Así que la voluntad mostrada por el presidente Donald Trump en torno a la guerra Israelí-Iraní no fue por una iluminación divina, ni mucho menos por su buen corazón. Se tradujo simple y llanamente a un cálculo electoral.