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5 días agoon
Por Gerardo Rico, Periodista e Investigador
La escasez de figuras políticas en la oposición dió al clavo en los últimos días para catapultar a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, como una eventual candidata del PAN, creo que primero a diputada federal y posteriormente a otro cargo de elección popular, pues termina su sexenio el próximo año.
Mucho se ha escrito en la semana que recién concluyó sobre el enfrentamiento entre el principal partido de oposición en el país con el partido gobernante: Morena, originado por el citatorio de la Fiscalía General de la República a la mandataria estatal por presuntas violaciones a la soberanía nacional al permitir la colaboración de agentes de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) en operativos locales de seguridad.
La última figura que los panistas impulsaron a la fama nacional durante el 2024 fue la entonces senadora, Xóchitl Gálvez, gracias al choque que tuvo con Palacio Nacional, entiéndase con el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, al intentar ejercer su derecho de réplica en la “mañanera” para aclarar su postura sobre los programas sociales. Tras acudir con un amparo y serle negada la entrada a las instalaciones presidenciales.
Otro momento de consolidación de la ex legisladora hidalguense fue su posicionamiento en el proceso interno del Frente Amplio por México, integrado por el propio PAN, PRI y el desaparecido PRD. Su estilo desenfadado, el uso de huipiles y su historia de superación personal la llevaron a lograr un gran apoyo ciudadano y de las cúpulas de los partidos que abanderó en las elecciones presidenciales de hace casi dos años.
Sin embargo, no le alcanzó para vencer a la candidata morenista Claudia Sheinbaum, quien se convirtió en la primera mujer en la historia de México en asumir la Presidencia de la República al encabezar la coalición “Sigamos Haciendo Historia” integrada por el propio Movimiento de Regeneración Nacional, el PT y el Verde Ecologista.
Sin negar que en el país prevalece la corrupción, el abuso del poder, el autoritarismo y la ambición de poder en los círculos que gobiernan en actualidad y al interior de Morena, la oposición aún está lejos de alcanzar sus objetivos en los comicios intermedios del próximo año. De acuerdo a una encuesta publicada por el Diario El Universal en la Ciudad de México hace una semana, coloca a Morena con 39% en la intención del voto para diputados federales, contra apenas 11% del PAN, 10% del PRI, 9% de Movimiento Ciudadano, 6% del Partido Verde y apenas 3% del PT.
Es por eso que el golpeteo contra Morena y la Presidenta Claudia Sheinbaum continuarán con la acusación de “narcopartido” por parte de la oposición, luego que el gobierno de Estados Unidos solicitó la detención y extradición del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, personaje indefendible, acusado formalmente de narcotráfico y otros delitos.
La escasez de figuras de peso en la debilitada oposición mexicana originó hechos como que el líder nacional priísta Alejandro Moreno y personajes como Lily Téllez, quien llegó al Senado de la República a invitación del ex Presidente López Obrador o el empresario Ricardo Salinas Pliego, quien fue obligado a pagar un multimillonario adeudo ante el SAT, soliciten la intervención del gobierno estadounidense para “el combate al narcotráfico”.
No está de más recordar que durante décadas el PRI, el PAN y el PRD llegaron a dominar casi 90% del electorado en México y esta hegemonía colapsó de manera gradual ante el crecimiento de Morena, originando que los electores abandonaran a los partidos tradicionales, sobre todo a partir del 2018. El desgaste generalizado de sus gobiernos y una crisis de liderazgos aceleraron la caída en elecciones recientes.
En contraparte tampoco hay que desconocer el desgaste natural del ejercicio del poder, eso es lo que sucede en la actualidad con Morena. La Presidenta enfrenta semanas muy complejas como el fracaso de su proyecto de reforma electoral, ante la rebelión de los duros que defienden a capa y espada el legado de López Obrador.
Además, enfrenta tensiones diplomáticas con Estados Unidos ante las amenazas y propuestas de Washington para realizar eventuales incursiones militares o terrestres en territorio mexicano y combatir a los cárteles de la droga; las tensiones se intensificaron por declaraciones de funcionarios estadounidenses cuestionando la estrategia de seguridad mexicana. Paralelo a los temas políticos existen presiones económicas constantes con la intención norteamericana de buscar una renegociación más estricta del T-Mec.
A estas alturas de la actual administración presidencial, considero que la preocupación no es una eventual derrota de Morena en las elecciones del próximo año en el Congreso de la Unión, pues mantiene una importante base electoral a través de los programas sociales. Incluso se podría levantar con importantes triunfos en la renovación de las 17 gubernaturas que estarán en disputa.
La verdadera inquietud es la pugna entre las diferentes corrientes morenistas y el verdadero margen de autonomía de la mandataria mexicana frente al complejo legado de su predecesor y mentor político.
Ante la falta de liderazgos sólidos y la escasez de figuras políticas, la oposición seguirá con el discurso de “narcopartido” con el objetivo de socavar la legitimidad moral del movimiento oficialista, equiparándolo con los peores escándalos de corrupción del pasado y señalando complicidad entre las estructuras gubernamentales y el crimen organizado. Apoyada por las acusaciones de Washington y la falta de respuestas más contundentes del oficialismo morenista.
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