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3 horas agoon
Por Gerardo Rico, Periodista e Investigador
“El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”, diría el ex jugador y escritor argentino Jorge Valdano al referirse a los aficionados a este popular deporte. Por su parte el escritor uruguayo Eduardo Galeano define al fútbol “como una pasión popular capaz de generar emociones colectivas inexplicables, celebrando su belleza y potencial liberador, pero lamentando cómo la industria y el profesionalismo lo convirtieron en un negocio que suele priorizar la fuerza, el dinero y la victoria por encima del simple placer de jugar”.
Y efectivamente es algo de lo que hemos presenciado en los últimos días en nuestra ciudad con los triunfos de la selección mexicana que compite en este elitista campeonato de fútbol, que dejó sin posibilidades de presenciarlo en los estadios a la mayoría de los aficionados, ante los excesivos precios en los costos del boleto.
Aunque los seguidores de a píe tienen diferentes opciones como el fan fest instalado en el centro de Guadalajara o ya de pérdida acudir a restaurantes, bares y cantinas a presenciar los dos partidos del seleccionado nacional que afortunadamente han terminado en triunfos, hasta el momento.
Por motivos profesionales y personales es muy común que un servidor camine por el centro de Guadalajara casi a diario y en estas fechas no ha sido la excepción. Me ha tocado observar el frenesí de los tapatíos ante las victorias de nuestros representantes en dicho torneo y no he perdido el sentido de asombro ante cada acción o situación que me ha tocado ver.
Las redes sociales están inundadas de acontecimientos y más acontecimientos que se suscitan al amparo de estos festejos, sobre todo por parte de jóvenes de ambos sexos que hacen hasta lo imposible por no pasar desapercibidos ante sus acompañantes en el éxtasis de las celebraciones. Por supuesto no terminaría de enumerar en este espacio todas y cada una de las acciones observadas.
Desde los besos que buscan las jóvenes tapatías, primero con los coreanos y ahora con quien se pueda, siempre y cuando sea extranjero, hasta los baños de cerveza en plena avenida Juárez o los chavos que se dedicaron a mojar gente con el agua de las fuentes públicas de Plaza Universidad ó de la fuente que está frente a la catedral metropolitana ó los vehículos que fueron zarandeados de un lado a otro por decenas de jóvenes, hasta una patrulla de la policía municipal de Guadalajara pasó por este trámite.
Uno de los acontecimientos que más me llamó la atención, fue el derribo de uno de los muros que delimita al fan fest por la calle de Morelos y Alcalde, a un lado de la catedral, donde una vez que el muro estaba en el piso ingresaron cientos de aficionados a presenciar el partido de México contra Corea del Sur, aunque el espacio se encontraba a su máxima capacidad en la parte de Plaza de la Liberación.
De acuerdo a diferentes investigadores al ser el fútbol una tema pasional, comparado con la religión o la política, suele generar fanatismo lo que lleva al apasionamiento y tenacidad en exceso, originando comportamientos antisociales de agresión, ya sea verbal o física, relacionado con un sentimiento de pertenencia y muchas veces escondiendo sentimientos racistas o xenófobos.
Son propensos a caer en este tipo de comportamientos, personas con menos recursos para el manejo de emociones y con necesidades insatisfechas propias de ciertas edades, precisa la psicóloga Berenice Olvera de la Universidad de Guadalajara. Añade que la integración espontánea de grupos de jóvenes, durante los festejos mundialistas se enmarcan en la necesidad de sentido de pertenencia, sentirse momentáneamente parte de un grupo ó adquirir una identidad asociada a normas, valores, creencias mutuas y modelos de acción en la cual los y las jóvenes asimila un rol y hace propias imágenes y símbolos del grupo.
Cuando trata el tema de las “barras bravas” precisa que es un proceso de construcción de identidad y en muchos aficionados es una forma de identidad colectiva. Por eso, un fanático del fútbol se siente ofendido cuando se agrede al equipo que apoya. Ese sentido de pertenencia se observa en nuestro país en la formación de las llamadas “barras bravas” o porras de los equipos de las diferentes divisiones del balompié nacional y por supuesto en la selección nacional como un símbolo de México.
El fútbol ha conjuntado opiniones de escritores, filósofos, novelistas y poetas: Eduardo Galeano, “el gol es el orgasmo del fútbol; Jorge Luis Borges, “el fútbol es popular, porque la estupidez es popular”, Albert Camus, “todo cuanto sé con certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se las debo al fútbol; Mario Vargas Llosa, definió al fútbol como “algo emocionante y vacío”; Umberto Eco, “el fútbol es una de las últimas representaciones sagradas de nuestro tiempo” y Javier Marías, “el fútbol es la recuperación semanal de la incertidumbre”.
“El futbolista debe combinar el narcisismo del que desea mostrarse a toda costa con la vocación de encierro de una monja de clausura. La atracción del fútbol depende de su renovada capacidad de hacerse incomprensible”, señala el escritor Juan Villoro.
Pocos fenómenos culturales y deportivos han logrado convocar durante tanto tiempo la atención simultánea de millones de espectadores, por lo que el fútbol sigue siendo algo más que un juego: una de las formas más eficaces que han inventado la modernidad y mercadotecnia para contar historias entre nosotros mismos.